ATE tiene memoria. Sabe de dónde viene y hacia dónde va.

SANTA CRUZ 29 de julio de 2018
Desde ATE Santa Cruz, despiden con dolor al Compañero Claudio Alarcón, refundador de la Seccional ATE Río Gallegos.
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Claudio Alarcón fue el empleado Santacruceño de la Empresa Estatal YCF que poco antes de la caída del Gobierno del Presidente Arturo Illía, junto a su amigo y compañero Edgardo Murguia -empleado administrativo del área presupuestaria del Yacimiento, llegado del interior una década antes a la provincia- deciden comenzar a dar los pasos necesarios para organizar al sector bajo el amparo de la Asociación Trabajadores del Estado.

Hacia una década la Seccional Santacruceña había sufrido la diáspora organizativa, y tras un breve intento de recrearla a comienzos de los años 60, por parte de un grupo de trabajadores ferroviarios afiliados de manera directa a ATE nacional, nuevamente los estatales habrían de quedar sin representación.

El elegido no sería el mejor momento, pero las ansias superadoras por mejores condiciones de empleo y el carácter solidario de la apuesta, no los hará dar marcha atrás, a pesar de la llegada de la denominada Revolución Argentina, liderada por el General Juan Carlos Onganía, encargado de dar los pasos necesarios para borrar todo vestigio iluminante propagador que pudiera haber dejado el Estado de Participación y Bienestar, luego del anterior golpe militar fusilador en 1955, que, evidentemente, a pesar de la tragedia, no había desterrado sus alcances, y menos de las mentes de miles de compatriotas dispuestos a retomar la senda desde una Resistencia activa.

Alarcón y Murguía, Murguía y Alarcón, se ponen al frente de la ofensiva, y comienzos de marzo de 1967, cuando  comenzaban los despidos masivos en los Yacimientos Santacruceños, habiendo mantenido su afiliación a la ATE en forma directa tras el intento reorganizativo que tuviera corta vida pocos años atrás, asumieron la responsabilidad de sumar nuevas adhesiones con la intencionalidad de negociar con la empresa y alivianar el costo de la racionalización.

Entrevistado por el historiador de la ATE Daniel Parcero para la Historia de ATE Santa Cruz, Alarcón admitirá “Era una acción defensiva, pero de preservación de la fuente laboral para quien más lo necesitaba. Era embromado responder con medidas de acción directa, cuando con apenas tres llegadas tarde al mes, te despedían sin vuelta; y si te enfermabas y el médico auditor no te encontraba, también era despido; o una discusión entre compañeros en el ámbito laboral, implicaba un sumario y posterior despido”.

Fue así que luego de sembrar la semilla pre-organizativa a comienzos del 68’ Murguia y Alarcón obtienen la autorización del Consejo Directivo Central de ATE para dejar conformada la Comisión de la Seccional Río Gallegos.  “Así se arma la primera Comisión Directiva de la ATE Gallegos que lidera Murguia, secundado por Ciro Mazziotti. Yo fui secretario de Acción Social. Y la seccional comenzó a crecer cuando logramos que la empresa descontase la cuota social por planilla. Se comenzaron a recorrer los cinco campamentos hasta la estación Dorotea que físicamente era el último puesto con permanencia de personal, aunque las formaciones seguían hasta llegar a la Planta Depuradora, que ya era dependencia de Río Turbio. Ese era el límite de nuestro radio de actuación y el punto final del recorrido del ferrocarril”.

Poco a poco llegaron a  reflotar la proveeduría que había existido años antes; consiguen un local a través de la empresa y firman con ellos un contrato de concesión. Esa gente ofrecía alimentos, artículos del hogar, limpieza, comestibles y carne en cuotas, con descuentos por planilla de los mismos. Al cabo de dos años de funcionamiento se logra el envío de pedidos a los trabajadores del ramal ferroviario por campamentos, una vez por mes. “La proveeduría viajaba en el ferrocarril, distribuyendo los pedidos por medio de un vagón que también pudo conseguirse de la empresa. Por medio de un fondo propio también se pudo facilitar el otorgamiento de préstamos en efectivo, a descontarse en cuotas y sin intereses, como una forma de paliar algunas urgencias económicas. Al poco tiempo se suma un nuevo beneficio, un seguro por fallecimiento con una funeraria local, al que podían acceder los socios mediante el pago de un pequeño plus a la cuota sindical, con el que se cubrían los gastos de sepelio de sus beneficiarios. Todo esto dinamizó la Seccional y la hizo crecer en afiliados”.

Al margen de sus responsabilidades sindicales en el ejercicio de la representación, aquellos jóvenes dirigentes, conferían igual importancia a la defensa de los derechos indispensables de los trabajadores que representaban, e interiorizándose debidamente sobre lo que sucedía hacia el interior de sus vidas, propusieron a la administración una alternativa reparadora. La idea consistió en plantear una administración compartida entre el gremio, los propios afiliados y la empresa. Señala Alarcón, que “Tras acordarse la puesta en marcha de la iniciativa, rápidamente se logra una rebaja en el costo de la comida del 50%, además de optimizarse la calidad de la misma. Se llevaba el control por medio de una tarjeta de consumo y el gasto del afiliado se descontaba por mes. El servicio se extendió a quienes no eran de la empresa y llegaban a los comedores trabajadores de compañías constructoras que realizaban trabajos en las adyacencias; pero a éstos se les cobraba unos pesos más, siendo igualmente un valor accesible. También se admitió a los que llegaban a los campamentos desde otros lugares por distintos motivos y que poseían viáticos, y a quienes les resultaba beneficioso comer aquí porque les era más cómodo y barato. Ese dividendo obtenido se sumaba al resto de las ganancias y el beneficio global se prorrateaba en el costo que se le aplicaba al afiliado, por lo cual, su gasto era menor aún”.

De esta manera se termina con un oscuro entramado, en el cual la figura sobresaliente era un reconocido empresario Santacruceño apellidado Pirilo, encargado de regentear los comedores, dueño de una importante panadería y de dos barcos en los que transportaba alimentos.

Alarcón seguirá en el Yacimiento hasta ascender a Jefe de personal, manteniendo su afiliación a ATE. En ése lugar lo encontrará el golpe de Estado de 1976. Ya en la Seccional se había producido un recambio dirigencial. Edgardo Murguía había llegado a ser Senador Nacional en representación de su provincia electo en 1973. A Claudio le tocará la triste responsabilidad de notificar, el 24 de marzo,  a aquellos compañeros a su ingreso a la dependencia, que sus fichas no se encontraban por haber sido cesanteados. Murguía,  desde la noche anterior había sido Senador depuesto, y siendo detenido por 10 diez días, y no volverá a su escritorio administrativo, sino que será transferido, de querer mantener el empleo, al pañol, vistiendo mameluco, siendo el encargado de entregar herramientas de trabajo a sus compañeros como penitencia denigrante, que no desmereció asumir –aunque en el tiempo, y en momentos sin turbulencias a su persona, tuvo actitudes repudiables-. Alarcón se jubilará y volverá a su hogar, de donde fue rescatado casi 40 años después, de que la organización sindical a la que perteneció perdiera sus rastros, a partir de la colaboracionista gestión de Juan Horvath, la que se desentendió en forma inmediata de su pasado, entonces, inmediato, hasta sepultar actas y publicaciones de la época en una bolsa de arpillera en un depósito del Consejo Directivo en el que fueron hallados en la recuperación democrática. La investigación llevada adelante por Daniel Parcero, permitió reencontrarnos con Alarcón, haber alcanzado a rendirle el debido homenaje a su compromiso desde la actual Comisión Administrativa de ATE Santa Cruz en la persona del Secretario General Alejandro Garzón.

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