Duro golpe a Bianco y Leguizamón: los legislativos castigaron en las urnas a la conducción de APEL

La elección gremial en APEL terminó con un fuerte castigo a la gestión de Claudio Bianco: la Lista Blanca obtuvo solo 83 votos, mientras que más del 60% de los afiliados eligió opciones opositoras en una jornada marcada por el rechazo a la pasividad sindical frente a los destratos denunciados durante la gestión de Fabián Leguizamón.
 
 
 
 
 
 
18 de marzo de 2026

Con una participación histórica, los trabajadores legislativos votaron masivamente y le dieron la espalda al oficialismo gremial.

Las elecciones de la Asociación del Personal y Empleados Legislativos (APEL) dejaron este miércoles un resultado contundente, con una lectura sindical y política imposible de disimular: los trabajadores legislativos de Santa Cruz castigaron en las urnas a la actual conducción gremial y enviaron un mensaje directo contra la cercanía que durante los últimos años mantuvo con la gestión del vicegobernador Fabián Leguizamón.

Con una participación superior al 90% del padrón, en una muestra de involucramiento pocas veces vista en la vida interna del gremio, los afiliados acudieron masivamente a votar y dejaron en claro que la discusión excedía la renovación formal de autoridades: lo que se ponía en juego era la continuidad o el final de un modelo sindical fuertemente cuestionado por su falta de representación, su pasividad frente a los reclamos del personal y su convivencia con la patronal legislativa.

Los números fueron elocuentes:

  • Lista Celeste: 136 votos (53%)
  • Lista Blanca: 83 votos
  • Lista Verde: 33 votos (12%)

El dato más fuerte es que más del 60% de los trabajadores votó en contra de la continuidad de la actual gestión, dejando a la Lista Blanca, el oficialismo que respondía a Claudio Bianco y llevaba como candidato a Miguel Campos, en una posición de derrota política contundente.

La elección dejó un fuerte mensaje contra Bianco y la gestión de Leguizamón

Aunque formalmente se trató de una elección gremial, el mensaje que salió de las urnas fue mucho más profundo que una simple alternancia de nombres.

La derrota de la Lista Blanca significó un rotundo rechazo a la gestión de Claudio Bianco, cuya conducción acumulaba desde hace tiempo cuestionamientos internos por haber quedado cada vez más lejos de las bases y cada vez más cerca de la estructura política que conduce la Legislatura.

La lista oficialista, impulsada por el actual secretario general y encabezada por Miguel Campos, no logró sostener la continuidad de un esquema que venía siendo duramente cuestionado por amplios sectores del personal.

La lectura de muchos trabajadores fue clara: no se castigó sólo una candidatura, sino una forma de conducir el gremio, marcada por la falta de respuestas ante las paritarias, la pérdida de representatividad y una actitud de convivencia con la patronal en un contexto donde se multiplicaron las denuncias por destratos, malos tratos y malestar laboral durante la gestión del vicegobernador Fabián Leguizamón.

Bianco y Leguizamón, los dos grandes derrotados que dejó la elección

El resultado de APEL dejó un saldo político que trasciende a la vida interna del sindicato: los grandes perdedores de la jornada fueron Claudio Bianco y Fabián Leguizamón.

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Bianco, porque el oficialismo sindical que construyó y sostuvo durante los últimos años fue claramente rechazado por la mayoría de los afiliados.

Y Leguizamón, porque la derrota golpea de lleno a una conducción gremial que, para buena parte de los trabajadores, quedó asociada a una relación de excesiva cercanía, tolerancia o funcionalidad con la Presidencia de la Cámara.

Durante estos más de dos años de gestión del vicegobernador, se acumularon en los pasillos legislativos denuncias, malestar y cuestionamientos por destrato hacia el personal. En ese escenario, la conducción de APEL fue señalada repetidamente por haber hecho poco y nada para enfrentar con firmeza ese clima interno.

Por eso, el resultado de este miércoles no puede leerse sólo como una derrota sindical: también es un revés político para el esquema de convivencia que se consolidó entre la conducción de APEL y la patronal legislativa.

La victoria de la Celeste también reivindicó a los paritarios elegidos por asamblea

La Lista Celeste, que se impuso con 136 votos y el 53% de los sufragios, no sólo ganó una elección: también expresó en las urnas una reivindicación del proceso de organización de base que se había abierto en 2024 cuando los afiliados, cansados de no obtener respuestas positivas en las paritarias, impulsaron una asamblea para elegir a sus propios representantes paritarios.

Aquella decisión marcó un quiebre dentro del gremio.

Por primera vez en mucho tiempo, las bases desplazaron a los nombres designados desde la conducción y eligieron representantes con mandato directo, en una señal de hartazgo frente a una estructura sindical que ya no sentían propia.

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Esos paritarios votados en asamblea fueron, justamente, los que más incomodaron al acuerdo tácito que muchos trabajadores veían entre Bianco y Leguizamón, en una etapa donde el entonces secretario general no sólo evitaba confrontar con la Presidencia de la Cámara, sino que incluso en los primeros meses de la gestión del vicegobernador llegó a dedicarle elogios públicos.

La victoria de ese espacio, ahora traducida en la conducción gremial, puede leerse entonces como algo más que un recambio: es la llegada al sindicato de un sector que nació precisamente como respuesta al vaciamiento de representación que atravesaba APEL.

El voto masivo mostró que el gremio todavía importa cuando la base siente que puede recuperar la herramienta

Otro dato central de la jornada fue la participación.

Que más del 90% de los afiliados haya ido a votar no sólo habla de una elección competitiva: habla de un nivel de involucramiento extraordinario, poco habitual incluso en procesos gremiales con fuerte tensión interna.

Ese nivel de concurrencia expuso dos cosas al mismo tiempo.

Por un lado, el enorme desgaste que acumuló la actual conducción, al punto de movilizar a trabajadores que entendieron que esta vez sí estaba en juego algo decisivo.

Por el otro, mostró que el gremio no estaba muerto ni desinteresado, sino que estaba esperando una oportunidad real para recuperar representatividad.

En ese sentido, la elección dejó una señal muy potente: cuando los trabajadores sienten que pueden volver a apropiarse de su herramienta sindical, participan masivamente.

Y esa participación, esta vez, se tradujo en un mensaje demoledor para quienes pretendían sostener el statu quo.

El mensaje de las urnas fue claro: no a la continuidad, no a la pasividad, no a la cercanía con la patronal

La suma de los números no deja demasiado margen para interpretaciones complacientes.

La Lista Blanca quedó muy lejos del triunfo.
La Lista Celeste se impuso con claridad.
Y el total de votos opositores superó con amplitud al oficialismo.

En otras palabras: más de seis de cada diez afiliados votaron contra la continuidad de la actual gestión.

Ese dato, por sí solo, ya configura una derrota severa. Pero en el contexto político que arrastraba APEL, el golpe adquiere otra dimensión.

Porque lo que se rechazó en las urnas no fue únicamente una administración sindical desgastada. Lo que se rechazó fue un modelo de gremio que, para una parte importante de sus propios afiliados, había dejado de confrontar con la patronal para volverse cada vez más tolerante con ella.

Y en esa lectura, el revés no recae sólo sobre Claudio Bianco o Miguel Campos.
También alcanza de lleno al propio Fabián Leguizamón, cuya gestión quedó políticamente asociada a un esquema sindical que hoy acaba de recibir un duro castigo.

La elección de APEL dejó mucho más que un cambio de conducción. Con más del 90% de participación y con una mayoría contundente votando contra la continuidad, los trabajadores legislativos transformaron una interna gremial en un mensaje político de alto voltaje. La Lista Blanca fue derrotada, Claudio Bianco quedó desautorizado y la cercanía con la gestión de Fabián Leguizamón terminó pasando factura. En una Legislatura atravesada por años de malestar, destratos y una representación sindical cuestionada, las urnas hablaron con claridad: el oficialismo perdió. Y con él, también perdió el modelo de gremio que convivía demasiado cómodo con la patronal.

(Fuente: Radio Actual)

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