
Distanciadas por más de 1.200 kilómetros y por 44 años de edad, dos mujeres se convirtieron por estos días en los símbolos coyunturales de la violencia de género en Perú, un problema recurrente en un país machista, al que ni el Estado ni la sociedad logran darle respuesta pese a las demandas de organizaciones y dirigentes feministas.







