


El Barcelona ganó el clásico y estiró a 12 la ventaja con el Real Madrid







Analizar el clásico únicamente como un partido más resultaría un error: existían una serie de situaciones que hacían al contexto de este cruce de realidades.
El Real Madrid que viajó a Cataluña imaginando románticamente un escenario ideal: ganar el derbi, acortar ventajas con un Barcelona golpeado por su fracaso internacional -afuera en primera ronda de Champions y rápidamente nocaut en Europa League- y desmoralizarlo en el sprint final del torneo, condicionando al mismo tiempo la serie de semifinales de Copa del Rey que el FCB va ganando 1-0 y que se cerrará el 5 de abril.
Contemplando esa atmósfera macro se comprende el estallido de los jugadores locales. El Barcelona no sólo ganó el clásico sino que se impuso presionando la salida del Real y forzando el error para recuperar y -luego- aguijonear a partir del despliegue de Raphinha y Sergi Roberto o de los remates -casi todos desde afuera del área pero violentos- de Lewandowski. Y forzando así a Courtois a reaccionar en modo final de Champions para evitar la desventaja.


Si el Real Madrid estuvo transitoriamente arriba en el marcador fue literal y conceptualmente un accidente: una acción individual de Vinicius Jr acabó en un remate que, rebote en Araujo mediante, descolocó a Ter Stegen.
Ahí, otro mérito del equipo de Xavi: no caer en la tentadora desesperación y mantener sus niveles de confianza en alto. Llegando con variedad de opciones al área rival (hasta Christensen ensayó un taco peligroso) y sosteniéndose intenso, comprendiendo que Ancelotti no había cambiado demasiado respecto al desgastante partido de Champions ante el Liverpool.
Los noventa mil espectadores del Camp Nou observaron cómo el equipo de Xavi se impuso en esa pulseada psicológica, necesaria para la madurez. Por eso también festejó cuando el VAR anuló por posición adelantada el 1-2: era tan impensado como inmerecido imaginar al Real como vencedor.
La lógica se impondría, no obstante, en el final. Con un nuevo ataque vertical, con un centro a la zona del área menos custodiada donde esperaba Kessie, y con un gol que terminó gritando un Barcelona que ahora, con el equivalente en puntos a cuatro partidos de ventaja, puede imaginarse campeón sin tormentos de remontada blanca.
FUENTE: DIARIO OLÉ






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