El incierto futuro del soldado de EE.UU. que escapó a Corea del Norte

Cruzó la zona más militarizada del mundo corriendo a las carcajadas, a riesgo de ser acribillado. Cómo logró su "hazaña". Podrían tratarlo como héroe o como espía.

EL MUNDO 22/07/2023
749849-b6911409-7ac9-4778-8fc9-abdd0f46a1bb_0

Travis King, un soldado afro-norteamericano de 23 años enviado a Corea del Sur, se atrevió el jueves pasado a lo que nadie: se lanzó en una carrera alocada arrojando carcajadas rumbo a Corea del Norte en plena Zona Desmilitarizada (DMZ), esa franja de 238 kilómetros de largo y 4 de ancho que es la frontera más militarizada de la tierra. El video no se conoce, pero quizá haya saltado el célebre escaloncito sin barrera que separa a estos dos Estados formalmente en guerra y que Donald Trump y Kim Jong-un cruzaron en 2019 durante sus fracasadas negociaciones. Es casi un milagro que el ágil desertor haya gambeteado primero a los guardias norteamericanos y surcoreanos, y que luego los norcoreanos no lo hayan acribillado sospechando un ataque enemigo.


Una carrera accidentada

La vida de Travis King en Corea del Sur ya venía complicada. Había estado preso 48 días hasta el 10 de julio: en una noche de borrachera en Seúl golpeó en la cara varias veces a un hombre en un bar por negarse a beber con él. Cuando llegó la policía, los agredió gritando “fuck Korean police”, mientras pateaba la puerta de un patrullero causando daños por un valor de 4000 dólares.

Ya libre, sus jefes de la base norteamericana en Seúl habían decidido enviarlo a su cuartel general en Texas para una sanción disciplinaria. El jueves pasado lo escoltaron hasta el aeropuerto de Incheon, pasó migraciones y llegó a la zona de embarque, ya sin custodia. Allí informó que había perdido el pasaporte y lo dejaron salir. Entonces tomó un tour en bus a la zona limítrofe de Panmunjom, presentándose como un turista que quería conocer la frontera caliente.

Los testigos del hecho

Mikaela Johansson, una turista sueca que compartió la excursión con King, declaró que mientras visitaban la zona de oficinas azules que comparten ambos países --donde se firmó el cese al fuego con los norteamericanos-- el muchacho corrió como un rayo ante el asombro de todos, rompiendo los protocolos de seguridad y muerto de risa, como ignorando el riesgo que corría su vida y el grave problema en el que se metía: desapareció entre dos edificios hacia el otro lado de la frontera. 

Sarah Leslie, una turista de Nueva Zelanda que había compartido todo el día con King, declaró: “pensé que estaba haciendo un video para TikTok”. Los guardias del sur intentaron en vano detener a King y la última imagen suya, ya del otro lado de la línea limítrofe, fue cuando lo detenían soldados de Corea del Norte.

El futuro incierto de King

King quizá iba a quedar detenido en su cuartel de Texas y sin dudas cruzó al norte por motu proprio, acaso para evitar la cárcel. Visto así, sería un desertor, siempre que estuviese en su sano juicio. Y sería el primer militar norteamericano en cruzar la frontera exactamente en este lugar, en teoría el más peligroso para desertar. Muy pocos norcoreanos han cruzado la frontera en el sentido sur, pero no exactamente allí.

El secretario de Defensa de EE.UU. Lloyd Austin confirmó que un soldado de su país cruzó la frontera voluntariamente y no se ha vuelto a saber de él. El vice ministro de Defensa surcoreano, Shin Beom-chul, dijo que el escenario más probable es que Corea del Norte “se tome su tiempo” para investigar al personaje, antes de repatriarlo. Es posible que no sea penalizado ya que no cometió ningún daño en particular a Corea del Norte y siendo un militar de muy bajo rango, no habría mucha información para extraerle. La madre del soldado, Claudine Gates, declaró que no puede imaginar a su hijo haciendo lo que hizo: “tendría que haber estado fuera de quicio”.

Un tour de guerra

Uno de los aspectos poco claros es cómo King se la ingenió para tomar el tour a la frontera: lleva entre tres días y una semana obtener la autorización aprobada por un comando norteamericano: la actividad está muy monitoreada por razones de seguridad. En la ruta camino a la frontera desde Seúl hay torres de vigilancia y soldados con ametralladoras. Los buses pasan bajo trece “puentes” blancos que son cajas de dinamita que caerían sobre la ruta en caso de invasión. Al comprar la excursión, los turistas firman un papel haciéndose cargo de los riesgos: “heridas o muerte como resultado directo de acciones del enemigo”.

Las oxidadas cercas de ambos lados, delimitando la larga franja intermedia, tienen dos niveles de alambre de púa. Entre ellas pasa el río Yalu y a cada orilla crece una maravillosa biodiversidad vegetal y animal, parte de ella extinguida en el resto de la península. Allí donde hace sesenta años caían bombas, hoy aterrizan grullas de Manchuria para alimentarse en arrozales abandonados y pacen osos y leopardos. Esta delgada línea verde devino en tierra de nadie, un limbo ecológico demostrando lo que sucede cuando el hombre desaparece por un tiempo. Pero allí el aire se corta con cuchillo.


El historial de desertores

En el pasado algunos soldados de EE.UU. en Corea del Sur escaparon al norte. El más famoso fue el sargento Charles Robert Jenkins: en 1965 cruzó la frontera para evitar ser enviado a pelear a Vietnam. En Corea del Norte enseñó inglés a cadetes militares y apareció en la propaganda antinorteamericana. No sería imposible que King recibiese el mismo trato, si se las ingenia para convencer a los norcoreanos de sus buenas intensiones y de no ser un espía. También se desconoce si desearía volver a su país.

En 1962 el soldado norteamericano James Dresnok iba a ser enviado a una corte marcial por no haber vuelto a su cuartel en Corea del Sur por una noche, pero antes se las ingenió para cruzar la frontera con rumbo norte. En las últimas tres décadas, once norteamericanos fueron detenidos en Corea del Norte por cruzar la frontera, ya sea por accidente o con el objetivo de entrar ilegalmente: todos fueron liberados a la larga luego de negociaciones de alto nivel. Pero desde la pandemia, casi todo el personal diplomático extranjero abandonó Corea del Norte y no hay con quien negociar salvo la embajada de Suecia.

El episodio de Travis King se dio en un contexto de una escalada verbal entre Corea del Norte y EE.UU. ante la llegada de un submarino nuclear norteamericano a Corea del Sur por primera vez en 40 años. Kim Jong-un consideró esto una amenaza para la seguridad de su país y la semana pasada lanzó su nuevo Misil Balístico Intercontinental (ICBM) que habría roto su propio récord de distancia de vuelo, en comparación a las pruebas anteriores. Pyongyang podría tratar de usar al desertor como moneda de cambio para el retiro del submarino. 

La atracción de lo prohibido

En Corea del Norte, King podría trabajar como profesor de inglés e incluso de actor: en los años ´60 algunos militares norteamericanos desertores hicieron el papel de villanos capitalistas en películas de propaganda. Otra posibilidad sería que King sirva como anzuelo para iniciar negociaciones con EE.UU. atrayendo hasta Pyongyang a algún alto negociador y aprovechar la ocasión para algún tipo de acuerdo que suavice las sanciones contra Corea del Norte.

 En su breve carrera militar, King ha recibido la Medalla del Servicio de Defensa Nacional y otra del Servicio de Defensa de Corea, condecoraciones de rutina y sin mérito que dan a todo aquel destinado a Corea. Pero haber cruzado la frontera a Corea del Norte y no haber sido baleado, es una hazaña nunca vista en el sector de oficinas del DMZ. Si vuelve para contarla, sus superiores se debatirán entre el ascenso o el manicomio.

FUENTE: REUTERS

Últimas noticias
Te puede interesar
Lo más visto