


Para el Obispo fue una prueba piloto: celebraciones cortas con un máximo de asistencia de 20 personas







El 1 de noviembre Día de Todos los Santos, y el 2 de noviembre Día de los Fieles Difuntos, se abrieron las puertas del Cementerio de Río Gallegos, donde además se pudieron realizar celebraciones cortas con no más de 20 asistentes, permitiendo a los ciudadanos poder llegar para estar con sus seres queridos. Con los protocolos de seguridad respectivos, ambas celebraciones cristianas sirvieron de prueba piloto para a futuro, tal vez, poder retomar algunas de las celebraciones bajo estrictas modalidades de seguridad.

En diálogo con el programa radial EL MEDIADOR, Jorge Ignacio García Cuerva, Obispo de Santa Cruz y Tierra del Fuego comentó la celebración del día de todos los santos y los fieles difuntos con celebraciones cortas y poca presencia, evitando la aglomeración. Conforme a esto destacó: “A las 19 es la misa, que va a ser en la capilla del cementerio a puertas cerradas y transmitida por las redes sociales, Televisión Pública y algunas radios. Lo que sucedió a las 14:30 fueron celebraciones cortas y que especialmente, por protocolo establecido que fue muy respetado pueden ingresar hasta 20 personas únicamente. Por suerte la gente ha sido respetuosa con sus barbijos y todo como corresponde”.



Por otro lado, Cuerva aseguró que tuvo la posibilidad de acompañar a la gente y agregó: “En esta última hora, hasta las 18, la gente estaba participando más y se sumaban muchos más en lo que refiere a bendecir las tumbas y otras cuestiones en relación a la celebración de este día”.

Finalizando, el Obispo de la provincia se refirió al significado de tener esta oportunidad de concurrir físicamente y acercarse a la celebración de este día, sosteniendo la necesidad de humanidad y ternura en pandemia. A partir de esto sentenció: “Me parece que es un gesto de ternura que la gente pueda ir a rezar, que la gente pueda acercarse a sus seres queridos y rezar por ellos. Seguimos creyendo en la vida, yendo para adelante en un año signado por tanto dolor y tanta muerte, este año significa más que nunca que seguimos creyendo en la vida, que la muerte no tiene la última palabra y para los cristianos que seguimos creyendo en la resurrección y que podremos encontrarnos con nuestros seres queridos en el cielo”.




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